Tanto

Febrero 5, 2008

Por fin entré a internet… puede que se vea retrasada la publicación del texto pero es que las causas son ajenas a mí; aunque, cada vez, más propia la dificultad para obtener ingreso a la red… Es más, ya empecé a estudiar…

Se ha pasado volando el tiempo desde mi última entrada  a este blog. He descuidado la constante presencia en él con mis reportes personales, mis análisis, historias y frases. 

Mas no es por pereza de escribir sino porque han pasado tantas cosas juntas y a la vez, que deberían haber sido contadas conforme ocurrían pero sucede que no dejaron ni tiempo ni atención (y menos aliento) disponibles, cosas que trataré de citar una por una y resumirlas ya que no merecen ser pasadas por alto así nomás. 

Entre los eventos más importantes se sitúan, en mi memoria, el hecho de haber presentado en la biblioteca de San Javier, junto con los otros jóvenes de ConVerGentes e Hiperbarrio, las muestras finales de los primeros seis meses de capacitación del proyecto de Rising Voices aquí en la ciudad. En esa corta y sencilla ¿ceremonia? me dio un gozo inmenso al ver, a la par con el público, el fruto del trabajo realizado con tantas ganas, talento, entusiasmo y locura propias de cada uno de los vinculados con el proyecto de rescate de la memoria histórica y cultural de mi barrio, La Loma, como lo hicieron los muchachos del otro polo de la ciudad: Santo Domingo Savio.

Compartimos opiniones, experiencias y muchas sonrisas con Álvaro Ramírez, Juliana Rincón, Jorge Montoya, David Sasaki, Eduardo Ávila de Voces Bolivianas; con los invitados, los jóvenes de Santo Domingo (los pocos que pudieron asistir), como también con la gente de La Red de Bibliotecas y Calígula… ¡Lo conocimos, vaya sorpresa!Al final lo más gratificante fue la entrega, por parte de nuestros facilitadores, de un diploma que nos acredita como  Periodistas Ciudadanos de Rising Voices y de Global Voices, proyectos, ambos, de la Universidad de Harvard… Qué bueno fue todo… ¡Gloria a Dios! 

Luego cabe decir, entre los acontecimientos pasados, que en medio de las luces navideñas del recién fallecido 2007 se engalanó la ciudad con 10 estrellas verdes, con pólvora, festejos, bullicio, un deportivo La Equidad subcampeón y una pasajera alegría provocada por el bicampeonato del Atlético Nacional (Cuento viejo, me dio cierta emoción pero en esta tierra nada dura para siempre)…  

También hubo muchas salidas, paseos, amanecidas, ratos graciosos, comidas, celebraciones y desvelos vividos junto con mis amigos en una navidad que se vio muy apagada en aquellos que acostumbran o acostumbraban desembocarse en el alcohol y en el desenfreno de la época decembrina y en las vacaciones de fin de año. Vi peleas hasta por un globo, borrachos dándose golpes y más cosas tristes para estas fechas de amor y felicidad, de buñuelos y moños de regalo… No obstante y gracias a Dios, sólo me basta Él y la navidad eterna de su nacimiento en mi corazón y las oportunidades que me da de disfrutar la vida para, así, ser feliz y vivir plenamente. Qué relajo tan “inmundo” y tan placentero es el que se obtiene al vivir así de libre junto al Señor, con la familia y con las personas que me rodean y me brindan su amistad; con vivir momentos de esparcimiento sano sin tener que preocuparse por nada (hasta que se acaben las vacaciones) y saber que todo es verdad y que no necesito fingir en ningún momento para demostrar real tranquilidad y total alegría. 

El inicio de este año deja avances en el rap, prácticas en el diseño gráfico, unos kilos de más, satisfacciones, el cumpleaños de mi hermanito, nuevos amigos y amigas, experiencias gloriosas, puertas abiertas y mucha reflexión en cuanto a lo logrado en el año viejo y en lo por venir en este entrante ciclo anual, que es el 2008.¿Qué pasará en la universidad, qué tanto aprenderé de la vida y qué sorpresas me esperan? Son interrogantes, pocos, para recibir con emoción y con inquietud este nuevo año. 

Año en el que ya se han dado pasos importantes en varios aspectos de mi vida y en lo que involucra a otras personas. Pero lo importante es no quedarse ahí sino seguir mirando al frente y, constantemente, en dirección vertical… al cielo para que sólo haya luz y bendición en el camino y, de esa manera, poder ver de nuevo que en el diario vivir suele suceder tanto.

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